La crisis climática que amenaza nuestro planeta es tan grande, tan grave y, aparentemente, tan incontrolable que es normal que a veces la gente se sienta indefensa ante un reto tan exigente. Pero en mi caso, abordar el desafío climático y todo lo que esto significa, es algo que me apasiona.

Fady M. Jameel, presidente adjunto y vicepresidente, Abdul Latif Jameel

Hay muchos problemas interconectados que deben tenerse en cuenta y tratarse en este primer artículo de Spotlight. Empezaré con una vista más generalizada y, en futuros artículos, profundizaré sobre algunos de los detalles de los problemas y los acercamientos individuales a una solución.

En un panorama marcado por las alarmantes predicciones sobre la subida del nivel del mar, el crecimiento acelerado de la población y las temperaturas descontroladas por parte de organizaciones fiables de todo el mundo, es demasiado fácil empatizar con aquellos que dicen que es demasiado tarde para cambiar el rumbo, que el planeta se “corregirá” con el tiempo o que la tecnología proporcionará una solución más sencilla en un momento no especificado del futuro.

Personalmente, en lugar de perder la esperanza antes estos pronósticos tan nefastos, creo que deberíamos tratarlos como inspiración. Como un estímulo para que todos hagamos más, para actuar más rápido y para fortalecer nuestra resolución. Y es que estas previsiones nos ofrecen algo inestimable: una claridad de visión sin precedentes.

Unknown climate change protester in Belgium – this anonymous image has been circulated millions of times on social media.
Manifestante contra el cambio climático en Bélgica: esta imagen anónima se ha compartido millones de veces en las redes sociales.

Ahora sabemos, indiscutiblemente, cuáles son las consecuencias de nuestro comportamiento si no adaptamos nuestra forma de vida; sabemos que nuestra respuesta no puede comenzar en un momento hipotético en el futuro, sino que debe comenzar ahora y sabemos que nuestro objetivo final debería ser tan ambicioso como un planeta con una contaminación neta igual a cero.

Frente a estas opciones tan duras, ¿qué más motivación necesitamos?

 

 

 

Los riesgos de no hacer nada

El reciente informe especial del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas (IPCC) acerca del “Calentamiento global de 1,5 °C”[1] pretende fortalecer “la respuesta global a la amenaza del cambio climático, el desarrollo sostenible y los esfuerzos por erradicar la pobreza”, algo con lo que seguro que todos estamos de acuerdo.

This graph illustrates the change in global surface temperature relative to 1951-1980 average temperatures.  Eighteen of the 19 warmest years all have occurred since 2001, with the exception of 1998.  The year 2016 ranks as the warmest on record.

Este gráfico ilustra el cambio en la temperatura de la superficie global con respecto a las temperaturas medias de 1951-1980. Dieciocho de los 19 años más cálidos se han producido desde 2001, con la única excepción de 1998. El 2016 se posiciona como el año más caliente registrado hasta la fecha.

 

En primer lugar, las malas noticias. El calentamiento producido por las emisiones humanas existentes (es decir, las ya generadas) persistirá a lo largo de un período de tiempo que abarcará desde siglos hasta milenios y seguirá ocasionando cambios a largo plazo en el sistema climático. Si continúa a la velocidad actual, es probable que entre 2030 y 2052 el calentamiento global alcance al menos 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales, o incluso más.

Como deja claro el informe del IPCC, un aumento de 1,5 °C afectará a todas las necesidades básicas de la humanidad, desde la salud, la forma de vida y los alimentos hasta el suministro de agua, la seguridad y el crecimiento económico. En caso de que las temperaturas aumenten 2,0 °C, algo bastante plausible, es probable que este medio grado sume 10 cm más al nivel del mar. No parece demasiado, pero 10 cm serían suficientes para desencadenar un impacto más extremo en los ecosistemas terrestres, de agua dulce y costeros, aumentando la acidez y disminuyendo los niveles de oxígeno del océano, lo que dañaría la biodiversidad marina y la pesca para siempre.

Limitar el aumento de la temperatura a “solo” 1,5 °C requerirá una intervención impresionante, con el requisito de recortar las emisiones de CO2 en un 45 % desde los niveles de 2010 hasta 2030 y la necesidad de alcanzar el cero neto en 2050.

Como indica el IPCC, mantenerse en un 1,5 °C requerirá unas “transiciones rápidas y de gran magnitud en los sistemas energéticos, terrestres, urbanos, infraestructurales e industriales” sin precedentes y una incorporación de profundas reducciones de CO2 en todos los sectores. Efectivamente, tal objetivo también asume la adopción a gran escala de estrategias de eliminación de dióxido de carbono (CDR) que sean capaces de retirar entre 100 y 1.000 gigatones de CO2 durante el resto del siglo XXI.[1]

Los datos de la NASA pintan una imagen igualmente sombría. En su informe “The Effects of Climate Change” (Los efectos del cambio climático), la NASA advierte que “se espera que el Océano Ártico se quede prácticamente sin hielo en verano antes de mediados de siglo” y pone de relevancia el aumento de 20 cm en el nivel del mar mundial desde que comenzaron los registros fiables en 1880.[2]

Desalentador, se mire por donde se mire. Así que, en términos prácticos, ¿qué debemos hacer?

Solución #1: Hacernos cargo del carbono ya existente

La CDR se está estableciendo rápidamente como una táctica válida para reducir los gases de efecto invernadero. Las soluciones de CDR abarcan desde la alta tecnología (equipos que succionan el CO)2 directamente del aire) hasta otras con escasos requisitos tecnológicos (gestión de terrenos más inteligente).

Naturalmente, la velocidad es esencial y un informe de las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de EE. UU. sugiere cómo podemos lanzarnos a la batalla.[3] Empecemos con poca tecnología: aquí la naturaleza está de nuestro lado, ya que nos ha proporcionado un planeta lleno de absorbentes de CO2, como son las plantas, los árboles y las algas. Aunque es difícil cuantificarlo con precisión, normalmente un bosque de 0,5 hectáreas puede absorber tres toneladas métricas de CO2 cada año. Actualmente, la forestación en su conjunto absorbe menos de un tercio de nuestras emisiones. Así que, en resumen, necesitamos plantar más árboles para absorber más CO2, un proceso denominado “compensación”. También podemos replantearnos nuestro enfoque de la cría de ganado. Dejar que los animales pasten en praderas más grandes, en contraste con la ganadería intensiva, ayuda a ventilar extensiones de terreno más amplias y favorece la captura de carbono.

Inevitablemente, la lucha por el terreno puede limitar estos remedios naturales, pero esto no es el final de la historia. Los biocombustibles constituyen una respuesta natural de alta tecnología y sus beneficios son dobles. En primer lugar, los cultivos para el combustible absorben CO2 del aire. En segundo lugar, cuando esos cultivos se queman (para generar calor o energía) en una planta bioenergética, el CO2 liberado se puede capturar y almacenar de forma permanente. Sin embargo, la denominada “bioenergía con captura y almacenamiento de carbono” (BECCS) requiere una revolucionaria reconversión de grandes áreas de terreno, algo que ha limitado su uso hasta ahora.

Title: BECCS: Generating bioenergy from carbon capture  Source: Nature Climate Change journal, volume 5,  2015
Título: BECCS: generación de bioenergía a partir de la captura de carbono
Fuente: Revista Nature Climate Change, volumen 5, 2015

 

Una tecnología de captura de carbono más sólida ofrece esperanzas a largo plazo. Extraer el CO2 del aire de forma artificial es increíblemente difícil. A pesar de su grave impacto como catalizador del cambio climático, el CO2 representa solo el 0,04 % de la atmósfera. Para encontrarlo y atraparlo hay que procesar enormes cantidades de aire. Aun así, la tecnología para hacerlo está mejorando todo el tiempo. Una planta prototipo que opera en Canadá captura alrededor de una tonelada de CO2 cada día. La empresa responsable, Carbon Engineering, ha diseñado una planta similar, pero mucho más grande, en Texas que captura alrededor de 5.000 kilotoneladas al año, mientras que una cadena de tres plantas en Italia, Suiza e Islandia captura 1.200 toneladas anuales forma colectiva. Por supuesto, plantear argumentos económicos de peso en favor de la captación de carbono será crucial para su aprobación generalizada. Hay buenas señales, ya que el CO2 almacenado se puede utilizar potencialmente en la industria como combustibles y fertilizantes de metano.

El concepto del cero neto, en el que la cantidad de CO2 producida estaría equilibrada por la cantidad extraída de la atmósfera, pasa gradualmente de ser una utopía a visualizarse como una posible realidad.

En junio de este año, el Reino Unido se convirtió en la primera gran economía mundial en aprobar una legislación para acabar con su contribución al calentamiento global para el año 2050.[1] Las nuevas reglas obligarán al Reino Unido a que todas sus emisiones de gases de efecto invernadero equivalgan a un cero neto en 2050, sustituyendo un objetivo anterior que se conformaba con una reducción de al menos un 80 % frente a los niveles de 1990. Las estrategias combinarán las compensaciones y la captura de carbono. Los rendimientos podrían ser tangibles: el gobierno anticipa que el número de puestos de trabajo dedicados a los sectores de la economía sostenible crecerá hasta los dos millones para 2030 y que el valor de las exportaciones de la economía baja en carbono ascenderá hasta 170.000 millones de libras anuales. Otros países seguirán de cerca estos avances.

Solución #2: Transición a una economía baja en carbono

Por supuesto, la mejor forma de reducir la cantidad de CO2 en la atmósfera es limitar la cantidad que liberamos innecesariamente en primer lugar. Hay un amplio y emocionante movimiento que busca transformar nuestras economías con alternativas bajas en carbono.

Pese a la desafortunada retirada de los Estados Unidos, el Acuerdo de París firmado por la ONU en 2016 sigue liderando los esfuerzos globales en este ámbito. Las recompensas pueden ser muy significativas. En su informe de 2018, el Instituto de Desarrollo Internacional (ODI) reflexiona sobre una transición a la baja en carbono en el sector energético, cuya gestión satisfactoria tiene el potencial de “reducir la desigualdad, impulsar el desarrollo sostenible y crear nuevas oportunidades económicas”.[2]

Es de esperar que el impulso global hacia la energía limpia siga adelante. El informe The Renewables 2019 Global Status Report[3] afirma que en 2018 se destinaron a nivel mundial más de 289.000 millones de USD a nuevas inversiones en energía y combustibles renovables. Solo en el sector energético, la capacidad renovable pasó de 2.197 gigavatios en 2017 a 2.378 en 2018.[4]

En su artículo de reflexión “Transición a una economía baja en carbono”, Goldman Sachs afirma que una transición exitosa requerirá asociaciones públicas y privadas, así como una colaboración internacional. La sinergia entre tres elementos clave, política, tecnología y capital, es fundamental. Para limitar el aumento de la temperatura a 2,0 °C, habrá que invertir unos 10,5 billones de dólares en tecnología baja en carbono y en eficiencia energética hasta 2030 a lo largo de todos los sectores (energía, transporte, residencial, construcción comercial, agricultura e industria).[1]

Dejando las estadísticas a un lado, debemos aceptar que es posible que muchos países, y sus ciudadanos, tengan dificultades para mantener su estabilidad con unos cambios tan drásticos. Una voz instructiva sobre este tema es el antropólogo e historiador ambiental Jared Diamond, cuyo reciente libro “Upheaval: How Nations Cope with Crisis and Change” establece un paralelismo entre las crisis a nivel personal y nacional y encuentra soluciones comunes.

Si la crisis en este caso es el calentamiento global, Diamond argumenta que hay varias etapas para responder de forma eficaz, incluyendo: asumir la responsabilidad, obtener un apoyo integral, modelar soluciones de otras naciones y reconstruir nuestra identidad a través de la autoevaluación honesta y la flexibilidad. Al igual que hay muchos ejemplos de países importantes que se han recuperado de crisis significativas (entre ellos, Alemania y Japón después de la II Guerra Mundial), de manera similar, el mundo ya tiene la capacidad para responder al riesgo climático y salir fortalecido de la situación. Lo que sigue siendo necesario para actuar es la voluntad y la dirección política.

¿Será esencial este pensamiento global para mitigar los efectos del cambio climático? Sin duda. Por un lado, el “primer mundo” y “los países en desarrollo” han de hallar un método equitativo que les permita producir energía limpia para sus sociedades. Por el otro, un mayor declive medioambiental nos obligaría a enfrentarnos a problemas difíciles, como las luchas fronterizas y las migraciones.

“Las naciones y los individuos han de aceptar su responsabilidad nacional e individual de tomar medidas para resolver el problema”, escribe Jared Diamond, “dejando a un lado la autocompasión, sin culpar a los demás ni asumir el papel de la víctima”.

A mí me queda claro qué camino debemos elegir en la crisis climática.

Invertir en nuestro futuro compartido

En Abdul Latif Jameel reconocemos que existe un problema de una magnitud considerable, pero también asumimos la responsabilidad del problema integrándolo en nuestra misión a largo plazo.

Lilyvale Solar Plant in Queensland Australia  Peak Power: 125.00 MWp, annual Production: 283,325 MWh/Year; CO2 Avoided: 175,000 t/Year, Households Supplied: 45,000 Homes, Area: 400.00 Hectares, Type: Single Axis Tracking System.
Planta solar de Lilyvale en Queensland, Australia
Potencia máxima: 125 MWp, producción anual: 283.325 MWh/año; CO2 evitado: 175.000 t/año, hogares suministrados: 45.000 hogares, área: 400 hectáreas, tipo: sistema de seguimiento de eje único

 

A través de Fotowatio Renewable Ventures (FRV), parte de Abdul Latif Jameel Energy, estamos aprovechando soluciones bajas en carbono, como energía eólica y solar, para generar energía limpia a lo largo de una creciente presencia global.

En abril de este año hemos ampliado aún más nuestra activa cartera solar global al comenzar la generación de energía en dos nuevos centros: la planta solar de Lilyvale en Queensland, Australia (con capacidad para abastecer a 45.000 hogares y ahorrar 175.000 toneladas de CO)2 por año) y la planta solar Al Safawi de Jordania (situada en un terreno de 150 hectáreas y que suministra a 21.000 hogares). Lilyvale es uno de los seis proyectos australianos y Al Safawi uno de los tres en Jordania. Actualmente también estamos construyendo una planta solar de 50 MW en España.

En consonancia con la energía solar, nuestros proyectos eólicos avanzan a muy buen ritmo. En Chile estamos desarrollando nuestra primera planta híbrida de energía eólica y solar, un proyecto que abastecerá a 224.000 hogares y ahorrará 221.000 toneladas de CO2. También estamos activos en otros mercados latinoamericanos, como México y Uruguay, y evaluamos continuamente las oportunidades en otros países.

En enero entramos en el mercado energético japonés con un proyecto de instalación de microturbinas eólicas que comenzó con dos en Cabo Erimo en Hokkaido. Con una capacidad de 20 KW cada una, la cantidad total de nuevas microturbinas que se implementarán en este proyecto será de 20: 6 unidades en Hokkaido, 12 en Aomori y 2 en Akita. Combinadas, aportarán un total de 400 KW a la red eléctrica nacional: suficiente energía para abastecer unos 400 hogares tipo y ahorrar unas 1000 toneladas de CO2 al año mediante acuerdos de 20 años con las compañías eléctricas regionales Hokkaido Electric Power Company y Tohoku Electric Power Co., Inc. respectivamente.

Es un pequeño paso, pero una clara muestra de nuestras intenciones. En los próximos años, en asociación con FRV, se añadirán más de cincuenta turbinas adicionales.

También estamos dispuestos a superar uno de los mayores problemas de la energía renovable, asegurando la energía las 24 horas en condiciones dependientes de los elementos. Por eso, a través de FRV, este año hemos lanzado un equipo dedicado para centrarnos en la próxima generación de baterías de alto rendimiento, reconociendo que el almacenamiento de energía es fundamental para la fiabilidad del futuro de la energía verde.

Como cualquier persona que comprenda nuestro negocio sabe también que estamos muy involucrados en el mercado global de transporte, en el que también estamos apostando por la ruta más verde hacia el éxito.

Air Products Saudi H2 Station

Somos desde hace tiempo el distribuidor de coches Toyota y Lexus en Arabia Saudí.

Toyota está ampliamente reconocido como líder del mercado de los vehículos híbridos eléctricos (HEV). Su emblemático modelo Prius es el híbrido más vendido del mundo y el vehículo de celdas de combustible Toyota Mirai es pionero en el segmento de vehículos de hidrógeno.

También fuimos uno de los primeros inversores en la start-up de vehículos eléctricos (EV) de Michigan RIVIAN, seguidos por nombres importantes como Amazon, Ford Motor Co. y Cox Automotive. RIVIAN presentó el año pasado en el LA Auto Show sus dos primeros modelos de aventura de alto rendimiento y está trabajando para comenzar la producción en 2020. A medida que las ventas de vehículos eléctricos continúan subiendo, los números sugieren que estamos en la dirección correcta. En la primera mitad de 2019, las ventas globales de vehículos eléctricos recargables alcanzaron 1,1 millones de unidades, un 46 por ciento más que en 2018.

Title: The surge in electric vehicle sales  Source: EV volumes, September 2019

Título: El aumento de las ventas de vehículos eléctricos

Fuente: Volúmenes de EV, septiembre de 2019

 

Con todo este impulso, no hay excusa para quedarse quieto. Nuestra financiación de cuatro laboratorios de investigación en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) incluye J-WAFS, el Laboratorio de Sistemas de Agua y Alimentos de Abdul Latif Jameel. Desde su fundación en 2014, J-WAFS ha estado buscando respuestas a las necesidades de agua y alimentos del mundo para combatir los retos sin precedentes presentados por el cambio climático, el crecimiento de la población, la urbanización y el desarrollo. Este laboratorio emplea tecnologías y programas innovadores para lograr un impacto internacional medible, ya que la humanidad se ve obligada a adaptarse a un planeta cambiante.

Si se necesitan acciones revolucionarias, ¡lideremos la revolución!

Todas las pruebas indican que nuestro entorno evoluciona más rápido de lo que nos imaginábamos incluso solo hace unos años.

Lo que nos motiva es saber que nosotros tenemos el potencial de cambiar las cosas para mejor. No debemos caer víctimas del fantasma del fracaso.

En su lugar, debemos verlo como una oportunidad.

Una oportunidad no solo para mejorar la experiencia de la vida en la Tierra, sino para unir a personas de todas las naciones, orígenes, creencias y habilidades por una causa común, reconociendo nuestra vulnerabilidad universal y nuestra capacidad colectiva para la transformación.

Reconocemos nuestro papel fundamental para hacer que el mundo sea más sostenible. Es un viaje que hacemos juntos.

[1] https://www.ipcc.ch/sr15/

[2] https://www.ipcc.ch/site/assets/uploads/sites/2/2019/06/SR15_Headline-statements.pdf

[3] https://climate.nasa.gov/effects/

[4] National Academies of Sciences, Engineering, and Medicine, 2019. Negative Emissions Technologies and Reliable Sequestration: A Research Agenda. Washington, DC: The National Academies Press. https://doi.org/10.17226/25259

[5] https://www.gov.uk/government/news/uk-becomes-first-major-economy-to-pass-net-zero-emissions-law

[6] https://www.sustainablefinance.hsbc.com/reports/enabling-a-just-transition-to-a-low-carbon-economy-in-the-energy-sector

[7] https://www.ren21.net/gsr-2019/

[8] http://www.ren21.net/gsr-2019/

[9] https://www.goldmansachs.com/insights/archive/archive-pdfs/trans-low-carbon-econ.pdf

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